El papel de una Hermandad de Pasión en la Iglesia actual (I yI I).

Mozorro 23/24

Carlos Ayerra Sola 
Capellán de la Hermandad

Con motivo de la celebración del 125 aniversario de la Hermandad de la Pasión del Señor en Pamplona, quisiera ofrecer en este artículo, de un lado, un repaso histórico sobre el asociacionismo en la Iglesia; de otro, las características de las asociaciones de fieles a la luz del Derecho canónico; para, después, considerar la tarea evangelizadora propia de la vida eclesial y, por tanto, de sus asociaciones, y terminar así, con una serie de concreciones para la realidad presente, intentando de esa manera ilustrar, un tanto, el papel que la Hermandad puede tener en la Iglesia de nuestros días.

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1. Una mirada histórica al asociacionismo


A. Primeros siglos cristianos. El asociacionismo es un fenómeno que se da en todas las sociedades, dentro y fuera del cristianismo, antes y después de Cristo, con finalidades diversas. El asociacionismo emerge de la tendencia innata en las personas a unir los esfuerzos individuales en orden a conseguir más fácilmente metas comunes a todos los miembros de la unión resultante.
No hemos de olvidar que la Iglesia nació en el mundo judeo-greco-romano, donde funcionaban numerosas sociedades de todo tipo, unas de carácter público y otras privado, la mayoría con finalidades profanas, algunas con fines religiosos.Y tampoco hemos de olvidar que, aparte de los motivos comunes a cualquier otro tipo de sociedad, en la Iglesia se registran otros netamente cristianos. Por tanto, la unión entre los miembros de la Iglesia tiene unas motivaciones sustancialmente nuevas, que vienen a reforzar las que podían darse en el ámbito griego o romano.
Ya desde el primitivo cristianismo se dio un movimiento tendente a crear ciertos grupos dentro de la Iglesia. Unos, proceden de Cristo, de los apóstoles y sus sucesores (p. e: colegio apostólico, obispos, presbíteros, diáconos...). Otros, como los pertenecientes al monacato, las viudas, los ascetas y las vírgenes, los confesores, los catecúmenos, los penitentes, los enterradores, los que practicaban una vida más austera que los demás, los que se ocupaban de dar sepultura a los difuntos, o los que vivían más estrictamente el cristianismo.



B. Alta Edad Media. A partir de la Alta Edad Media, llama la atención la gran variedad de nombres que designan las asociaciones, tanto en la Iglesia como fuera de ella. Así: el más frecuente confmternitas (idea cristiana de la fraternidad), pero también fratantia, confratantia, fratría yfrateria.Al lado de éstos, que denotan fraternidad y confraternidad, aparecen otros como colligationes, coniurationes, sodalitates, congregaciones, scholae, collegia, societales, cuyo significado transmiten los mismos términos empleados.Y, además, con la asociaciones creadas para orar unos por otros, encontramos: amicitia, caritas, caritas fraterna, familiaritas, communio, socíetas fraterna, conventio, foedus...
En fin, en una época como aquella no es extraño que surjan asociaciones de oración de unos por otros, para pedir a Dios el remedio de los problemas de esta vida, el descanso eterno después de ella, para obtener buen éxito en la evangelización de un territorio, etc.
Y, a su vez, junto a estas asociaciones religiosas, aparecen las profesionales o gremiales. También religiosas y gremiales. Unas veces lo son en sentido estricto, y otras, son ambas cosas, dando lugar a una género mixto, por lo que no es fácil distinguir el respectivo tipo de asociaciones, al desconocer en unos casos, los estatutos o, en otros, la fórmula de creación y la autoridad para la misma.

C. Baja Edad Media. En la Baja Edad Media surgen numerosas cofradías para promocionar el culto de tal o cual santo, comenzando por la Virgen María. Particularmente, las cofradías marianas cobran gran auge a partir de la práctica del Rosario, iniciada por Santo Domingo.Y, al lado de las cofradías marianas,
aparecen las de los santos que concitaban mayor devoción.
También fueron numerosas las asociaciones que se ocuparon de diversas obras de caridad hacia el prójimo, como la construcción y manutención de hospitales, la asistencia a los enfermos, cofradías para enterrar a los muertos, para atender a los peregrinos, la construcción de puentes, etc. Cofradías que cubrieron la mayor parte de las necesidades. Incluso asociaciones de fieles con la necesidad de restaurar y conservar la paz.Y no quedaron fuera de estas iniciativas, las cofradías que luchaban contra las herejías o las que trabajaban por la pureza de la causa de la fe.
No podemos dejar de señalar dos grandes movimientos asociacionísticos representados por los penitentes y los flagelantes o disciplinantes. Los primeros, practicaban la antigua penitencia pública, con ayunos y abstinencias, asistencia frecuente a misa, ausencia de fiestas y espectáculos, prohibición de usar armas, modestia en el vestir... Este movimiento cobra gran relieve con los dominicos y los franciscanos, y también con las conocidas como tercera Orden, que dimanan de aquellos. Se dedicaron a los más variados aspectos benéficos, sociales, religiosos, etc. Los segundos, ejercen la penitencia utilizando el medio concreto de darse disciplina. Su institucionalización lleva a constituirlo en cofradía, con gran difusión desde Italia, llegando a España bajo el nombre de cofradías de la Vera Cruz.

D. Edad Moderna. En los tiempos modernos, hay que decir que la reforma protestante supuso una seria crisis de las cofradías, pero la reforma católica propició un renacimiento de las mismas, centrándose sobre todo en la afirmación de los valores negados por los protestantes. De ahí, las cofradías del Santísimo Sacramento. Surgen nuevas cofradías en honor de la Santísima Virgen, y florecen también las creadas en honor de los santos.
No faltaron algunas de tipo militar, comprometiéndose a vivir y morir en la fe católica, bajo la obediencia del papa y del obispo.
También siguieron su labor las medievales en orden al culto, beneficencia, profesionales, órdenes terceras, penitenciales, etc.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se da un nuevo período de crisis para todo tipo de asociaciones, tanto religiosas como civiles o profanas. Debido, en gran parte, al divorcio entre la Iglesia y los movimientos filosóficos y culturales, que ridiculizaban la piedad sencilla del pueblo en el ámbito de las cofradías; y, por parte de las autoridades civiles, que exigen la transformación de las cofradías en montepíos controlados por el Estado.
Y son de destacar, en este momento, las cofradías religiosas fundadas en España para la Semana Santa y las de la Inmaculada, con los votos y juramentos de defender este misterio. No faltaron las orientadas a la práctica y difusión de los ejercicios espirituales, y cobró gran relieve la asistencia a las procesiones, como obligación importante de todo buen cofrade.

E. Edad Contemporánea. Con la restauración católica, en la Época Contemporánea, se trata de dar nueva vida a las antiguas cofradías y se fundan nuevas. De modo rutinario siguen funcionando las antiguas (Minerva, Vera Cruz, Rosario, Piedad y Caridad) ésta última para obras asistenciales como asistencia a los ajusticiados, enterrar a los pobres; las penitenciales con culto a sus "Cristos" y "Vírgenes", órdenes terceras, escuelas de Cristo, cofradías de la Santísima Trinidad, etc.
Entre las nuevas destacan las de culto eucarístico: Adoración Nocturna, las de reparación, los congresos eucarísticos. También, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Guardia de Honor, Apostolado de la Oración. Cobraron gran fuerza las asociaciones marianas: Medalla Milagrosa, Perpetuo Socorro, Rosario de la Aurora, Mes de Mayo, Hijas de María. No faltaron las de devoción y culto a San José: siete domingos, mes de marzo, Asociación Josefina.También las que tenían fines formativos y de apostolado: Conferencias de San Vicente, Asociación de Católicos, Unión Católica. Las agrupaciones de Juventud Católica, la Acción Católica, la Asociación Católica de Propagandistas. O la Asociación Católica de Señoras, las Escuelas dominicales de la Madre Sacramento, la cofradía de la Doctrina cristiana, la Asociación de matrimonios pobres.
Con sentido de obra social obrera: Acción Católica de la mujer, Padres de familia, Maestros católicos, Cruzada de la decencia y tantas otras como cooperativas de productores católicos y obras de propaganda de prensa católica, obras de enseñanza, de formación de la mujer... en fin, los movimientos seglares católicos que, prácticamente, fueron absorbidos por la Acción Católica oficial.Y ya, después del Concilio Vaticano II, fueron otros movimientos, como comunidades de base los que tomaron el relevo, sin que ello excluyera la presencia de aquellos grupos asociados ya descritos.


2. Las asociaciones de fieles en el derecho de la Iglesia

Hecho el breve repaso histórico del asociacionismo en la vida de la Iglesia, quisiera ahora, sentar los principios por los que se rigen las asociaciones de fieles en la comunidad eclesial, repasando la disciplina vigente para ellas.

A. Las asociaciones de fieles (can. 298) están formadas por fieles (bautizados católicos) laicos o clérigos, que trabajan unidos para: fomentar una vida cristiana más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, y realizar actividades apostólicas en orden a la evangelización, obras de piedad o caridad y animación con espíritu cristiano del orden temporal.
Estas asociaciones pueden ser: privadas, si están instituidas por los fieles mediante un acuerdo privado entre ellos para uno de los fines antes señalados; o públicas, si están instituidas o erigidas por la competente autoridad eclesiástica. Se entiende que éstas deben estar erigidas como persona jurídica pública.

B. Dado que nuestra Hermandad de la Pasión del Señor de Pamplona tiene como fin: "dar culto público a Dios, exaltando el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de Jesucristo..." (art. 1, Estatutos, aprobados por el Señor Arzobispo de Pamplona, 15 de agosto de 1986), fue erigida como Asociación Pública de Fieles. Estas asociaciones se rigen por las siguientes normas: 
- Acaba de indicarse que es el Obispo diocesano la autoridad competente (can. 312) para constituirla; que, como asociación pública, tiene personalidad jurídica en virtud del mismo decreto de constitución y recibe, así mismo, la misión, en la medida en que la necesite para los fines que se propone alcanzar en nombre de la Iglesia (can. 313).
- En cuanto a los Estatutos, se requiere la aprobación de la autoridad eclesiástica competente para constituirla, pero dentro del ámbito de los mismos y siempre bajo la alta dirección de la autoridad que los aprobó, puede tomar libremente las iniciativas que estén de acuerdo con su carácter (can. 314-315).
- Y los cánones 316-320 señalan lo propio en orden a la admisión y expulsión de los miembros, el gobierno de la asociación, así como lo referente al patrimonio de la misma y la supresión. 

Después de recorrer la historia de las asociaciones de fieles y de su regulación en el Derecho canónico de la Iglesia, es preciso enfocar el presente, encuadrar la Hermandad como un elemento de la evangelización y definir su sentido y su tarea en la Iglesia y la sociedad actuales.


3. Realidad que debemos tener presente: la evangelización:

A. En nuestros días, las personas se encuentran ante el hecho religioso unos como agnósticos o ateos, quienes, evidentemente, no tienen ninguna actividad de tipo religioso; otros son personas creyentes y comprometidas en las tareas de la comunidad a que pertenecen, dan testimonio de su fe en la propia vida, en el mundo y en los ambientes donde les ha tocado vivir. Y también, nos encontramos con otro grupo de personas que, sin tener grandes compromisos cristianos en la comunidad y en el mundo, viven una religiosidad de tipo popular y se dicen católicos, cuya razón fundamental es por tradición familiar o cultural.
B. Teniendo en cuenta esto, nos encontramos en nuestra Hermandad con una primera realidad: los pertenecientes a Ella son en torno a cinco mil hombres y mujeres. Muchos no tienen ningún compromiso ni en la comunidad ni en la hermandad, pero sí muchos de ellos trabajan en las distintas tareas de la pastoral (catequesis, liturgia, caritas, consejos parroquiales, etc.). A la vez la Junta de Gobierno dedica muchas horas y esfuerzos a las tareas propias de la Hermandad.
C. No tener en cuenta eso, sería una torpeza por mi parte como Capellán de esta Hermandad. Por eso, la afirmación del Papa Pablo VI: la evangelización es la razón de ser de la Iglesia (Evangelii Nuntiandi, n. 14), me da pie para decir que la evangelización es la razón de ser de la Hermandad de la Pasión.

En una sociedad como la nuestra: ¿Cómo anunciar a Jesucristo hoy y ahora? ¿Cómo proponer el mensaje de salvación para que sea creíble en un mundo de increencia? ¿Cómo comunicarlo, cómo anunciarlo? ¿Qué puede aportar el cristianismo al mundo de hoy? ¿Cómo suscitar hoy la pregunta sobre Dios? Todos los hombres y mujeres que forman parte de la Hermandad tienen esta misión como cristianos laicos que están en la Iglesia y en el mundo. Teniendo como base los Estatutos, hay que proponer de forma concreta, para la sociedad donde está ubicada la Hermandad, aquellos principios y acciones que ayuden a facilitar la tarea evangelizadora que como parte de la Iglesia tiene encomendada.

La Hermandad tiene tres fundamentos que a su vez son las tres claves con las que puede evangelizar dentro de ella misma, y con la comunidad donde radica:

El primer fundamento y clave es “fomentar el culto cristiano”. Dar culto a lo que las imágenes titulares representan. El primer paso para la evangelización es tener una fuerte experiencia de Dios. Cuando nos planteamos la urgencia del anuncio de Cristo en nuestro mundo concreto, no podemos olvidar que el evangelizador, más que hacer, es. Lo más importante es “ser en Cristo”. La novedad de Cristo debe irrumpir en nuestra vida, sólo así podremos anunciarlo. Anunciar a Cristo no es sólo hablar de él, es hacerlo ver.
EI Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica, El nuevo milenio, escribe: nuestro testimonio sería, además, enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro (NMI 16). No se puede hablar de lo que no se conoce. Por eso es necesario que el Hermano, para anunciar a Cristo, sea una persona de oración. Siendo testigos en el corazón de nuestra sociedad lograremos superar la separación entre la fe y la vida, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo que ya denunciaba el Concilio Vaticano II en la Gaudium et spes (n. 43). A veces tenemos el peligro de pensar que sabemos todo sobre Dios, sobre Cristo, sobre la Virgen, por el mero hecho de pertenecer, desde siempre, a una Hermandad. Podemos pensar, a veces que poseemos a Dios. El cristianismo más que una doctrina es un encuentro con Cristo. Entonces será transformada nuestra vida.

El segundo fundamento y clave para la evangelización de la Hermandad lo encontramos en la “formación”. Debe tener en sus actividades un tiempo para la formación interna de cada uno de los hermanos. Se deben programar momentos de encuentro para tal fin. La formación, para vivir en cristiano, no es una mera información de doctrina. Se trata de hacer realidad la unión fe y vida. Lo que realmente convence al mundo no son nuestras palabras sino nuestros hechos de vida. Tenemos el derecho y el deber de la formación, de una formación humana y cristiana, que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona y toque los campos de su misión evangelizadora, que despierte a la responsabilidad social y que favorezca el crecimiento de la vida espiritual en la Hermandad. 

Finalmente el tercer fundamento y clave para la evangelización lo encontramos “en la ayuda mutua, en la solidaridad, en la caridad con los hermanos y con los más pobres del mundo”. No bastan las imágenes, no bastan los programas de formación, no bastan las catequesis que hacemos por la calles con nuestras procesiones. Todo quedaría en palabras y en hechos vacíos de contenidos que a nadie convencerían.
“Los profetas hablan en nombre de Dios, rechazan un culto separado de la vida, una liturgia separada de la justicia, una oración apartada del compromiso cotidiano, una fe desnuda de las obras” (Juan Pablo II, Audiencia, 10 de Enero de 2001).
Nuestra sociedad necesita cristianos “Hermanos” maduros, responsables, preparados, despiertos, atentos, críticos en su encuentro con la sociedad, capaces de amar y de entregarse, para que puedan responder a las exigencias de vocación y misión evangelizadora en el mundo que nos ha tocado vivir. Hombres y mujeres que sepan ser dialogantes, animadores entusiastas, misericordiosos, que sepan comprender y perdonar, y que sepan colaborar con las orientaciones que marca la Iglesia.


4. A modo de conclusión
Cuántas veces te has preguntado: ¿Por qué soy Hermano? La verdad es que hay muchos que no sabrían explicar por qué lo son.
Sin embargo, desean serlo con todas sus fuerzas.

1. Del mismo modo que las Procesiones conmueven a tantas personas en las calles, es nuestra primera labor conmover y orientar a nuestros propios Hermanos. En la Hermandad se ha de encontrar sitio para conocer mejor a Jesucristo y a su Santísima Madre.

2. Junto a ese apostolado interno, está el apostolado externo, el que se hace cuando, llegada la Semana Santa, la Hermandad pone en la calle a sus Hermanos y Pasos. ¿Qué decir hoy a esa gente que viene a ver la procesión? Pues que después de ver al Cristo alzado, crucificado, todo ello entre el tronar de los tambores y el gemir de las cornetas…, nadie mejor que un Hermano puede manifestar con alegría que ¡Cristo ha resucitado! al acompañar a Santa María la Real del Sagrario en la Procesión del Encuentro por las naves y claustro de la Catedral.

3. Eso ha de ser la Hermandad. Eso es, sobre todo, lo que Dios espera de nosotros: que seamos brotes suyos, que sembremos su Amor y lo llevemos a todos los confines de la tierra. Por eso, ¿de qué hablar a la ciudadanía?: del Amor de Dios. ¿De qué hablar a los medios de comunicación?: de entrega, de servicio, de perdón. ¿De qué hablar y qué hacer? Amar a Dios y amar a los demás como Cristo nos amó, hasta dar hasta la última gota de su Preciosísima Sangre. Esa es la peculiaridad de nuestra Hermandad: que todo lo que hacemos en un año, todo nuestro esfuerzo, todo nuestro apostolado se vuelca de un modo particular, en las calles, los días de Procesión.

4. Por eso, tenemos en las calles un lugar donde mostrar abiertamente, plasmándolo con la máxima belleza, el Amor de Cristo, que desde ese lugar principal viene a decirnos a cada uno: ¡No os olvidéis de mí! ¡Me encuentro con vosotros cuando queráis! ¡Y se alegra tanto al ver con qué satisfacción le llevamos, rebosantes de ilusión por mostrarle nuestra humilde y pequeña aportación de amor agradecido!

5. Hoy tenemos que labrar una tierra seca y difícil: el duro corazón humano. Y, en medio de todo, el Hermano de hoy que sigue ahí, que renuncia a sus vacaciones para que la fe cristiana tenga viva presencia en la calle, ese Hermano de hoy está también ante un peligro de máxima actualidad: convertir las procesiones en algo meramente cultural, social, tradicional o familiar. Salir de procesión por afición, más que por devoción.

6. Ser Hermano hoy es compromiso. No sé si más o menos que hace 125, 100, 75, 50 o 25 años, pero sí es mucho compromiso, pues tienes que detener el reloj, no en un tiempo pasado, sino en la Eternidad, y colocas en el centro una brújula para orientar todas las miradas hacia Dios. ¡Y eso, HERMANO, es compromiso!

HERMANO DE LA PASION: 
¡FELICIDADES, ENHORABUENA, A POR OTROS 125!

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