Lo que en 1.649 empezó como una sencilla asociación piadosa de solo ocho Hermanos, propietarios de un paso, "El Sepulcro", con el devenir del tiempo, en 1.887, se convirtió en nuestra Hermandad de la Pasión del Señor. Es decir, estamos a punto de cumplir 125 años.
Aquel 18 de enero de 1.887, en el número 24 de la calle Tejería, la Hermandad de la Oración del Huerto, la Hermandad del Cristo alzado y la Cofradía del Santo Sepulcro acordaron las fusión de todas ellas en la actual Hermandad.

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¡Gracias! a aquellos piadosos caballeros, apenas doscientos primeros Hermanos que la fundaron, antepasados queridos nuestros, que tuvieron a bien unirse para fomentar el mayor y mejor culto y veneración de los misterios de la Cruz y a la vez procurar el perfeccionamiento espiritual y religioso de los Hermanos.

¡Gracias! a los miles de pamploneses que, durante tantos años, desde sus diferentes responsabilidades en la Hermandad, han hecho posible que, a pesar de las dificultades de todo tipo surgidas en el camino, hoy podamos estar celebrando este aniversario con verdadero espíritu cristiano.
¡Gracias! a todos los que hoy, día a día, con vuestro esfuerzo, hacéis posible que, la Hermandad de la Pasión del Señor siga manteniéndose fiel a sus orígenes y al espíritu que alentó su nacimiento en aquel lejano 1.887.
Hoy no quiero hablaros demasiado del pasado y presente de la Hermandad, serán otros los que lo desarrollen en estas páginas. Quiero, en estas pocas líneas, centrarme en el futuro y trasladaros algunas cuestiones e inquietudes que continuamente me planteo y me gustaría que lo hicieseis vosotros también.
A muchos les sorprende el sentido festivo de la Semana Santa. ¿Cómo se puede celebrar la Semana Santa con alegría? Porque los cristianos sabemos "el final de la película": la Resurrección. Esto nos debe servir para resaltar su significación religiosa: la celebración del Misterio Pascual.
Hoy la "religiosidad popular civil" propugna: "fiesta, sí; fe, no". "Vistamos al nazareno, desnudemos al creyente". Se retiran los crucifijos de los centros públicos, se hace un reinterpretación laica de las fiestas tradicionales: la Navidad es "la fiesta de la familia"; la Semana Santa, "la fiesta de primavera". ¿Será que lo religioso se debe reducir solo al ámbito privado?.
Sin ánimo de ser exhaustivo. ¿Tiene mucho sentido nuestra Semana Santa en el siglo XXI o está condenada a ser solo un periodo vacacional más? ¿Será compatible nuestra religiosidad popular con la era de la informática y las telecomunicaciones? ¿Cómo encaja un fenómeno tan tradicional en la posmodernidad? ¿Llegará un momento en que nos digan que estas expresiones en la calle son incompatibles con un Estado laico? ¿Seremos capaces de atraer a las nuevas generaciones? ¿Conseguiremos que el número de Hermanos deje de disminuir lenta pero continuamente?... En definitiva. ¿Podremos continuar celebrando muchos más aniversarios?
Es difícil dar respuestas seguras a estas preguntas. Sabemos que no corren los mejores tiempos para la iglesia Católica, aunque existe libertad, también las presiones son excesivas. Hasta ahora la religiosidad popular se ha quedado al margen de los grandes conflictos Iglesia — Estado, aunque a veces nos alcancen, ¿seguirá siendo así?. No hay que ser alarmistas pero sí realistas.
No debemos caer en el pesimismo ni en el victimismo, pero sí ser conscientes de las dificultades presentes y futuras. La Hermandad ha conocido épocas mejores y otras peores. Ha pasado por revoluciones, guerras y grandes dificultades sociales, pero ha conseguido sobrevivir y fortalecerse gracias a la capacidad de sus responsables y a la actitud de sus Hermanos.
La realidad es que, hoy y mañana, como siempre, la Hermandad será lo que queramos los Hermanos y Hermanas. Somos nosotros, en última instancia, los que debemos trabajar para llevarla adelante, y para que este testigo que se ha pasado de generación en generación siga entregándose para perpetuarla. Será, sin ninguna duda, para mayor gloria y honor de Dios Nuestro Señor. Vuestro Hermano en Cristo.

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