Miradas de Pasión

Con el deseo ilusionado de conseguir lo que se anhela, de ver hecho realidad lo que nuestra mente y nuestro corazón ansían.

Con el instinto que nos lleva a seguir aguardando la llegada del final deseado.

Con la intuición de la luz al fondo de la oscuridad del túnel, llegamos al final de este recorrido procesional. Y lo hacemos con Ella, la Virgen de los Dolores, Nuestra Señora de la Soledad, nuestra querida DOLOROSA.


Hermanos de la Pasión y Hermanas de la Soledad:
Pamplona, llena de la ilusión, el sueño, el anhelo, el afán, y el deseo irrefrenable por conseguir siempre lo que espera... manifiesta la religiosidad que nace de las más profundas raíces de nuestro pueblo, y va indefectiblemente unida a la devoción que éste siempre sintió por los misterios de la Pasión del Señor y los Dolores de su Madre; porque es producto de la Fe de nuestro pueblo, y así, sólo así, nos ha llegado como bendita herencia de nuestros mayores.

Nuestra Dolorosa, la Virgen en su Soledad, viene para remediar tantas soledades como sufren los que, en los últimos años de su vida, no encuentran ni el cariño ni la compañía de aquellos con los que se volcaron en sus años de juventud y madurez, la de los marginados injustamente por la sociedad que los desprecia, la de los enfermos que pasan sus días atados al lecho del dolor, la de los injustamente privados de libertad, y la de tantos y tantos como sienten la pena inmensa de la soledad. Ella, va repartiendo a su paso: compañía para los que se sienten solos, consuelo para los abatidos, mano tendida para los desamparados y rayo de luz para los que viven en tinieblas y sombras de muerte.

Señora: queremos pedirte que este mundo encuentre tus recogidas manos siempre abiertas para verter sobre los hombres que con Fe te invocan la Salud de los cuerpos y de las almas y los remedios que Tu infinita misericordia derrame como divina solución a todos los problemas que acosan por doquier a la humanidad.

Nuestra Dolorosa, la Virgen en su Soledad, Ella... se basta para llenarlo todo.

¿Qué puedo decir?
Tu pueblo enamorado en tu alabanza lo encuentra en Ti todo y te hace centro de todas sus cosas, eje y coordenada de cada momento de su vivir, latido vital de su corazón, loco por tu amor, en Ti todo lo cifra y en Ti todo lo halla, ante Ti se postra cada día, en la paz de su Capilla y ante Ti clama en multitud cuando sale a recorrer las calles entre un mar de fervores que estallan cuando aparece en la puerta y llega a la Catedral que espera con impaciencia tu triunfal entrada y en la que detiene los tiempos, para los pulsos y acelera los latidos del corazón y se estrecha para sentirte aún más próxima.

"Madre en la tierra de tus amores", en la que si decimos "que tan sólo en el cielo te aman mejor", es porque allí con las legiones de ángeles, arcángeles y querubines hay también una legión inmensa de pamploneses y gentes de todo lugar que tanto te quisieron en vida y te siguen queriendo en la Gloria.

Tú que eres la Esperanza de un mundo que se estremece ante todo lo que contempla, Tú que alimentas nuestra ilusión y nuestra confianza puestas en Ti, Tú que eres la verdadera y única meta de nuestro amor, Tú regalo bendito de Dios, Tú lo eres todo para nosotros, Tú y sólo Tú.

Como testigos de la Cruz y de la Resurrección de Cristo encontramos en la Virgen María el testimonio ejemplar de una vida entera dedicada al Evangelio. María avanzó en la peregrinación de la fe y se mantuvo fiel a su Hijo hasta la cruz donde, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. ¡Ojala aprendamos la dulce y reconfortante alegría de evangelizar y hagámoslo como lo hizo María!

Colaboradores:
Librería Salesiana

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